Leer a fondo

El escritor, de ficción, ciencia, periodístico, etc., es un buen lector, pero no sólo de libros o de textos escritos, lo es fundamentalmente del mundo. Saber leer el mundo es actuar en él. El escritor lo hace al escribir. No hay escritor en la historia, ni lo habrá, que sólo lea textos escritos. Si es importante la lectura de libros, pero la vida no se reduce a ellos. Hay otros textos que merecen la atención, como son los de la vida real: políticos, económicos, culturales, mediáticos, etc.

La teoría cognitiva sobre la comprensión lectora dice que hay tres niveles. Uno es la identificación de ideas literalmente plasmadas; el siguiente es la capacidad de establecer relaciones entre las ideas detectadas; por último, construir un punto de vista sobre el conjunto de ideas detectadas, así como de su relación entre ellas. Este último nivel ya está más del lado de la escritura. Para la consecución de la comprensión se emplean diversas estrategias cognitivas que pueden reducirse a preguntarse continuamente qué es lo que dice el texto, sin que éste lo diga. Para ello es necesario establecer activamente relaciones entre los plasmado y lo que se sabe del tema, así como con lo que hay en el contexto. Estos niveles de comprensión, así como las estrategias, se pueden transpolar para comprender la forma en que leemos otros textos, tantos como presenta la realidad.

Los mejores escritores son aquellos que de manera escrita nos comparten lo que comprenden e interpretan del mundo, del aquí y ahora, del antes y del después. Saben mirar lo que no está a simple vista. El mundo se nos presenta en una realidad construida por el lenguaje. Esa realidad construida la vemos en los medios de comunicación, televisión, radio, internet, prensa escrita, así como en las versiones que las demás personas tienen del mundo. Como contenidos de los textos de la realidad, tenemos la política global y la de nuestro entorno, la del trabajo, la del hogar; la violencia de género; la desigualdad socioeconómica; la corrupción de los gobernantes; la avanzada de los discursos de odio y xenofóbicos; la rapacidad irracional de la criminalidad económica, etc. Esto es lo que literalmente hay en los textos de la realidad. Pero qué hay detrás de ellos, qué nos dicen sin que nos digan textualmente. El escritor da su interpretación, da su mirada, nos hacer ver lo que no vemos a simple vista.

En este sentido es bueno leer textos escritos. Pero no podemos depender sólo de ellos. También tenemos que aprender a decir lo que miramos, aunque no lo escribamos; hay otras formas de expresar y plasmar significados e interpretaciones. El texto escrito se ha vuelto un fetiche, un bien por sí mismo. Es mal visto que no se lea. Pero lo que nos hace ver mal en realidad, es la incapacidad de ver con nuestros propios ojos. Entre mayor capacidad comprensiva de la realidad, mayor participación en ella.

Recientemente se dio a conocer el informe del Programa Internacional para la Evaluación de estudiantes, PISA (por sus siglas en inglés). Los estudiantes de México no salieron aprobados en general, particularmente en comprensión lectora. Otros países como los asiáticos y europeos, salieron en muy buenos lugares. Los estudiantes de estos países son eficientes en la lectura de textos escritos, pero no necesariamente de los textos de la realidad. Un buen lector no significa una buena persona, tampoco lo contrario. Lo que sí, dadas la condiciones del deterioro del medio ambiente, la extinción de especies, la contaminación, etc., hace que sea visible que como humanidad no sabemos leer el mundo porque no actuamos para mejorarlo. De qué sirve saber leer si no sabemos escribir otra realidad. En comprensión del mundo, como humanidad, estamos en el nivel 1, el más elemental, sólo reconocemos lo que está allí, pero no damos un punto de vista, no actuamos.