La biblioteca escolar

Mucha de la información contenida en los libros, primero ha estado en forma de oralidad y ha implicado un uso intensivo de la racionalidad de varias generaciones, para que tenga cierto grado de utilidad para la humanidad. Por otro lado la oralidad es la referencia para la escritura. Pero también es verdad que los libros en parte alimentan la oralidad; es decir, hay un ir y venir entre oralidad y escritura. Una creencia extendida es que la comprensión de los libros generados por una comunidad especializada y reconocida como productora de conocimiento, ayuda de manera significativa al desarrollo personal y social, cosa en la que coincido. Durante muchos siglos, los libros no estuvieron disponibles para la gran mayoría de las personas. Sólo con la instauración de los sistemas educativos nacionales, es que se masifica su distribución y uso. Pero ello implicó la invención de los libros escolares, que son una versión de libros especializados, adaptada de tal manera que los alumnos de educación básica pueden comprender el conocimiento especializado, según su estadio de desarrollo cognitivo y condiciones socio-culturales.

Sin embargo, me parece que en las instituciones escolares de educación básica en México, hay una serie de creencias y prácticas que fomentan una excesiva valoración del libro y del autor. Prevalecen las lecturas unívocas hacia los textos. Por ejemplo las valoraciones de la comprensión lectora, están centradas en saber si los alumnos entienden lo que dice el autor, más que en si generó un punto de vista propio. En parte el lector se debe apegar a lo que está literalmente plasmado en un texto, pero en parte no. Esto último lo acercaría más a un escritor o autor. Considera que los alumnos de las escuelas de educación básica, están en condiciones de jugar a ser lectores y autores. Leer lo que dicen otros, pero también plasmar el conocimiento escolar que han generado. No es lo mismo comprender que componer, aunque ambos procesos van de la mano y, por lo tanto, debe haber una proporción entre ellos.

Todo proceso de enseñanza-aprendizaje, implica que el docente sepa hacer que los alumnos consulten y comprendan de manera eficaz las fuentes de información adecuadas para lograr el aprendizaje. Pero otra parte importante es que se sepa ayudar a los alumnos a saber plasmar lo que han aprendido. Aquí es donde debe se debe establecer una diferencia entre las productos de aprendizaje de comprensión como son organizadores gráficos, cualquiera que sea; y los productos de aprendizaje de composición, ya sean ensayos, monografías, entre otros. Para la primara parte de esta lógica que he planteado es vital la biblioteca escolar y la del salón de clases. Pero si la didáctica sólo se centra en la comprensión, los alumnos pueden hacer interpretaciones de las bibliotecas y de los libros como referencias de lealtad al conocimiento ya hecho. Lo que propongo es repensar las bibliotecas escolares como un lugar en el que se aportan producciones que no son otra cosa que conocimiento escolar hecho por los alumnos. En este sentido todos los productos de aprendizaje de composición, deberían ir a parar a la biblioteca escolar o de aula.

Llevar a cabo la proporción entre los libros de otros autores en la biblioteca y los generados por los alumnos, significaría poder llevar a estos últimos a que dejen de pensar que la escritura sólo es posible en otros, de alguien “especial” y “predestinado” a ello, sino que también es una posibilidad que está a la mano a través de un trabajo sistemático, que hay una participación del alumnado para el incremente del acervo de la biblioteca. Así la biblioteca deja de ser una especie de museo, donde están los libros “sagrados”, a ser un lugar al que se le puede aportar. Por ejemplo, muchos de los objetos de aprendizaje de la formación en el campo de comunicación y lenguaje tienen que ver con la oralidad local, mitos y leyendas, fábulas, refranes, dichos, chistes, historias personales, de familia o de la localidad; que los alumnos llevan a la escritura. Estas producciones no deberían de acabar en una libreta o en una exposición, sino en la biblioteca, lo que sería una práctica social del lenguaje. Participar en la elaboración de la biblioteca, como actividad educativa, también es acción política. Sin embargo hace falta una didáctica que a continuación trataré de esbozar.

En el momento preinstruccional de su secuencia didáctica, el docente además de hacer que los alumnos tengan claro qué es lo que van a aprender, cómo lo van a hacer, así como la forma en que lo van a demostrar, debe hacer mención de que las producciones de aprendizaje de composición, irán a parar a la biblioteca del salón de clases o a la de la escuela. Para ello, junto con sus compañeros (as) docentes, de su centro de trabajo, tiene que habilitar este espacio, que sean visibles las aportaciones del alumnado mediante una catalogación específica. Me parece que es en este momento instruccional donde los alumnos deben ser guiados para que se pongan de acuerdo y decidan cuál será su aportación a la biblioteca.

En la parte coinstruccional, los alumnos deben tener claro que sus primeras producciones de aprendizaje derivan de lo que comprenden de las fuentes consultadas en la biblioteca escolar o de salón de clases, además de la biblioteca familiar. También deben tener claridad de que lo que produzcan ira a parar a la biblioteca escolar. Cuando finalicen las producciones de aprendizaje de composición, después de haber dialogado su calidad y cómo representan el logro de lo esperado curricularmente, es importante orientar a los alumnos a precisar cómo han de llegar sus composiciones a la biblioteca de la escuela, cuáles producciones y por qué. Creo que no se debe seguir la lógica de que se incluyan los “mejores” trabajos, porque en teoría todos deben ser los mejores, ya que todos los alumnos deben representar aprendizaje, de lo contrario, podría ser una situación excluyente. Es decir, todos los alumnos deben de estar en posibilidades de que aportarán a la biblioteca un trabajo que ulteriormente podrá ser fuente consulta para otros alumnos. Así las libretas también podrían dejar de significar apuntes de comprensión a ser bocetos o borradores de libros escolares. Esta didáctica, generará otro habitus, otra forma de ver las bibliotecas, algo que es propio.