Recorrido guiado a la ciudadanía

El pasado 4 de agosto llevé a los alumnos en formación docente que atiendo, de la escuela normal en la que trabajo, a un recorrido, a cargo de Niebla y Tiempo A. C., en el sitio arqueológico de Huapalcalco, en Tulancingo. Posteriormente a una conferencia, también por parte de la asociación civil mencionada, sobre su trabajo para fomentar la preservación y difusión del patrimonio cultural. No es la primera vez que lo hago, otros alumnos de otras especialidades y semestres han vivido esta experiencia.

Del lado de mi quehacer educativo, el trabajo de Niebla y tiempo, siempre me ha parecido una gran herramienta didáctica para formar, por eso recurro constantemente a ella. Actualmente trato de hacer que los alumnos normalistas desarrollen competencias docentes para que sepan formar a los alumnos de educación secundaria en la asignatura de Formación Cívica y ética. Desde mi perspectiva uno de las esencias de este espacio de educación básica es hacer que los alumnos sepan identificar la violencia, detenerla y promover la sana y pacífica convivencia. Para ello los alumnos en formación docente deben ser capaces de hacer transposición didáctica, es decir llevar el saber especializado a saber escolar. Precisamente me parece que de Niebla y Tiempo, pueden abrevar la manera en la que en la vida real, unos ciudadanos se organizan para detener la violencia a un patrimonio cultural, el sitio arqueológico de Huapalcalco, a través de un mecanismo legal de participación y del prodigioso uso de la palabra.

Como todas las veces que he ido con los alumnos normalistas, el recorrido fue encabezado por Montserrat Barragán Andrade, la presidenta de Niebla y Tiempo. Aunque he apreciado varias veces la narrativa de su guía, siempre he tenido una lectura diferente. La entrada a Huapalcalco, me refiero a su mundo no visible, empezó alrededor de las 9:30 hrs., con la profunda y potente voz de Barragán. En principio nos mencionó que se trataba de un lugar que para mucha gente de diversas generaciones a través del tiempo y, hasta nuestros días, era un lugar sagrado y había que entrar en el él con respeto. Más adelante, en la huella de un arroyo, a unos cuantos metros del basamento piramidal principal, empezó a narrar un mito mesoamericano, la creación del quinto sol, para tratar de hacer que comprendiéramos la dualidad que está representada en Huapalcalco con los cerros de la Mesa y el Huistli, el primero femenino y el segundo masculino. Al reescuchar el mito, rescaté varias ideas con las cuales no pude evitar leer lo que sucedió en el día.

Barragán refirió como un dios, Tecuciztecatl, dudo hasta cuatro veces para lanzarse a la hoguera y así crear el nuevo sol, en tanto que otro dios, Nanahuatzin, sin pensarlo se aventó. Este último se hizo el sol, y el primero fue la luna, y de este modo fue posible que hubiera día y noche, movimiento y vida. Habrá que precisar que el mito refiere a un ritual para crear un cosmos, no es que vaya a haber más soles. Cada recorrido de Tecuciztecatl, es para señalar un punto cardinal, después la participación de Nanahuatzin es para erigir el centro del cosmos, el sol. ¿Cuál es el análogo de esta situación con la actual sociedad mexicana? Párrafos arriba había dicho que una de las esencias del enfoque didáctico de la asignatura de Formación Cívica y Ética, es que los alumnos de educación básica sepan identificar y detener la violencia, así como promover la sana y pacífica convivencia. Esta intención educativa, es parte de la política pública del estado mexicano, se busca formar un ciudadano para la realidad que se vive hoy en día. Hay suficientes elementos para sostener que hay exceso de violencias en el país, y, en muchos sentidos, una normalización de ellas.

No es casualidad que en el programa de estudio de Formación Cívica y Ética, haya más aprendizajes esperados para desarrollar las competencias de “autorregulación y ejercicio responsable de la libertad”, “manejo y resolución de conflictos” y “participación social y política”, que para alguna de las otras cinco competencias de la asignatura ya referida. La primera se vincula con el 70% de los aprendizajes considerados en el eje formativo de “persona”; la segunda con el 50% de los aprendizajes correspondientes al eje de “ética”; y la misma proporción para la tercera competencia, pero en el eje de “ciudadanía”. Todas estas competencias son las que directamente sirven para identificar y detener la violencia, así como para promover una sana y pacífica relación con los otros, que pueden ser personas, la biodiversidad y las culturas.

Las dualidades son complementarias día y noche, el sol y la luna, lo masculino y lo femenino. Toda dualidad complementaria es para que funcione algo, un todo. Cuando algo no está en movimiento, cuando sus partes no funcionan para lo que son convocadas en el todo, hay deterioro, descomposición que, del lado humano, se puede apreciar como violencia. En el lado político, también es posible leer las dualidades complementarias. Una de ellas es gobernantes y ciudadanos. Justo aquí quiero colocar el análogo con el mito mesoamericano que nos narró Barragán. Me parece que lo que el movimiento del sol y la luna, es a la cosmovisión indígena; es la democracia a la cosmovisión política moderna. Los astros, sol y luna, en la política son las instituciones del estado; y los dioses, equivalen los ciudadanos. Así como los dioses se complementan para que funcione el universo; gobernantes y ciudadanos se unen, a través del dialogo, para que la democracia se fortalezca y la sociedad en ciudad viva.

La democracia es visible en el orden de la ciudad. Cuando la democracia no se mueve, la ciudad se deteriora. Uno de los elementos centrales de la ciudad es el patrimonio cultural, el descuido de él, significa primero un descuido en la democracia porque no hubo diálogo entre ciudadanos y gobernantes por este asunto de interés público. Así puede haber ciudadanos que como Tecuciztecatl, dudan en participar, mientras que otros participan. Participar en el orden de la ciudad, corresponde a todos, a los ciudadanos organizados en mecanismos legales, así como a los que están como funcionarios públicos en alguna institución pública. El argamasa de esa unión es el diálogo para resolver problemas que son de interés público. Estos problemas son generalmente violencia, que es romper el orden. En el caso del sitio arqueológico de Huapalcalco, la violencia o desorden, han estado del lado del gobierno y de la sociedad en general, que es visible en la falta de investigación arqueológica e histórica del sitio, destrucción de basamentos piramidales, así como de pinturas rupestres. Es decir, al no haber orden, que se traduce como no cuidar el patrimonio cultural, hay deterioro. Reparar ese daño implica participar con conciencia histórica.

Regular la conducta para ser responsables con el patrimonio cultural, resolver conflictos con este patrimonio a través del diálogo con el gobierno, requiere informarse para participar ciudadanamente. Por ello, en primer término, los alumnos normalistas y yo, recibimos un recorrido por la historia del sitio arqueológico de Huapalcaclo. A través de la potente narrativa de Barragán nos lanzamos hasta hace más de diez mil años para luego volver, vertiginosamente, al presente de Huapalcalco y sus problemáticas. Fue un recorrido acompañado por los límites del tiempo, así como Tecuciztecatl recorrió cuatro veces el camino al fuego, es decir los límites del cosmos, que no son otra cosa que los puntos cardinales, los puntos que señalan los solsticios y los equinoccios. Una vez informados históricamente, con conciencia del pasado y cómo ello nos singulariza, Alejandro Aldana, a través de la conferencia “participación ciudadana por el patrimonio cultural”, nos dio conciencia política. El cierre de la jornada académica, alrededor de las 15:00 hrs., consistió en la firma de los alumnos normalistas a la petición al gobierno de la república para que el sitio arqueológico de Huapalcalco, se declare zona arqueológica, lo que asegurará su protección y estudio. De esta manera los alumnos normalistas vivieron la participación ciudadana a través de un mecanismo legal. Pero también hubo un paralelismo con el mito del origen del quinto sol, cuando al igual que Nanahuatzin y Tecuciztecatl, al participar por el sol y la luna, ellos se lanzaron a participar por el patrimonio cultural para que la ciudad se mueva, para fortalecer la democracia. Así la experiencia vivida por los alumnos normalistas, también representó una apropiación de saber especializado, para así tener un qué llevar al saber escolar con los alumnos de educación secundaria en la asignatura de Formación Cívica y Ética, y fomentar la sana convivencia con nuestro patrimonio cultural.

El punto

La vida es una sucesión de puntos. En el lenguaje escrito, el punto es fundamental para señalar al lector que se hace un cambio de idea, pero se sigue con el mismo tema, o bien, para marcar el final del texto. Así el punto es movimiento y pausa. Pero el punto primero existió en el lenguaje oral y, antes, en el desplazamiento de las poblaciones. El final del peregrinaje de los nómadas es un punto valorado como favorable para la generación de vida sedentaria.

El punto también es visible en el lenguaje visual. En el dibujo, una línea es una sucesión de puntos. El punto de fuga es vital para trazar las líneas que darán la sensación visual de que lo pintado es real, lógico, verdadero, pero no una reproducción fiel del mundo.

Hay una analogía más que quiero evocar, y es la del tejido social. Entre más puntos significativos existan y más hilos conectados con ellos, más fuerte es el tejido. Pero no tiene una autoría individual, sino que es producto de un trabajo colaborativo en comunidad. Un tejido sano implica una historicidad que desemboca en un presente complejo, es decir, de unión de colectividades. En este sentido una serie de puntos, son el alma de la identidad y la memoria. En este orden de ideas, el 29 de julio pasado, en Tulancingo, Hidalgo, hubo un punto de confluencia: la galería de arte Ábside. El motivo fue la inauguración de la exposición de obra pictórica del creador Jesús Moral Luna. La hora designada para hacer la formalidad, fue las siete de la noche.

Previo al evento, conocidos, amigos, familiares, alumnos del maestro Mora, así como gestores culturales, periodistas, amantes del arte, nos movimos de nuestro punto de residencia para arribar a la cita y tejer una realidad muy particular. En las mesas de la planta baja de “la cafetería” que está a un lado de la galería, había gente sentada conversando y aguardando la inauguración. Los recién llegados saludamos y conversamos con ánimo a los conocidos. Por mi parte encontré a una amiga que tenía cierto tiempo de no ver, pero que conozco desde el año 2000. Nos conocimos laborando en una institución educativa. Me dijo que ella y su madre, eran alumnas del maestro Mora. De la madre de mi amiga recuerdo que pintaba, pero no me imaginaba que su formador era el maestro Mora, de hecho no pensaba que lo iba a conocer, ni que mi amiga iba también a asistir a clases con el maestro. Por cierto la madre de mi amiga, es alumna de Mora desde el 2000. Sin embargo nuestro punto en común es el amor a la cultura de la creatividad y el arte. Tal vez por eso coincidimos, y no por casualidad.

En el dialogo que sostuve con Mora en su estudio, el pasado 17 de julio, me refirió algunas experiencias formativas con sus alumnos y su estrategia didáctica para formar alumnos, que es llevarlos a contemplar paisajes. Mi amiga también me comentó sobre esta actividad. Ella me presentó a otros alumnos de Mora que estaban allí. En fin, entendí que estaba ante una comunidad de creadores, de personas que aprecian y hacen la cultura de la creatividad y el arte de la expresión visual; y que la coincidencia no era sólo entre mi amiga y yo.

Luego vino el ritual propiamente de la inauguración, que se representó con el corte de un listón, señal para dar cabida a los mensajes de agradecimiento. El primero en intervenir fue Elías Saad Gánem. Su presencia y el texto oral que emitió, arroparon de significados a la galería Ábside y a Tulancingo, como un lugar un punto de referencia para tejer historia, memoria e identidad en la cultura de la creatividad y el arte. Fue el inicio de la puntada, y luego vino la participación de los demás actores sociales.

En su intervención Mora, hizo referencia a un episodio de vida con su hijo con relación a unas manchas en una taza. El hijo, según el artista, cerró el diálogo diciendo “… ese es el punto papá”. Luego citó a un niño que tuvo por alumno, cuando dio clases de pintura en Ciudad Sahagún, que para representar el oficio de su padre, hizo un enorme punto negro. También evocó a Georges Pierre Seurat, creador del puntillismo, y explicó su técnica. Remató la intervención hablando de los puntos que aborda la exposición de su obra. Uno con referencia al paisaje, otro la situación de descomposición social, y el último sobre obras generadas con referencia a la música clásica europea.

De mi parte traje a mi mente “El punto”; un trabajo literario de Peter H. Reynolds, que relata la historia de una niña que es ayudada por su maestra, a valorar su expresión artística a partir de un punto. Vashti, tiene desesperanza aprendida, está convencida de que haga lo que haga, jamás será buena para la pintura. Pero su maestra insiste y ella con desgano hace un punto en una hoja. La docente enmarca el punto y lo cuelga. Vashti, no da crédito a lo sucedido, entonces inicia su carrera de compositor porque ha descubierto que puede confiar en ella misma. Para finalizar la historia, Vashti, sigue el ejemplo de su profesora y, con un niño, que no se tiene aprecio para crear, le anima a trazar algo en una hoja, luego le pide que lo firme. Entonces el lector entiende que inicia otra historia, que se trata de tener inteligencia motivacional para lograr metas.

En cierto modo el ritual de la inauguración de la exposición de la obra de Mora, fue un ejercicio de la memoria para no olvidar, repasar y crear nuevos puntos que nos unen a una comunidad. En este sentido se trató de mantener con vida la memoria de una comunidad. Lo que se recuerda es lo que da identidad, singularidad. Los textos orales dichos en el ritual de inauguración hicieron referencia a ciertos momentos significativos. Alguna de las personas que estaba en el público, tomó la palabra y mencionó que muchos de sus exalumnos que radican fuera de México, recuerdan con cariño al maestro Mora por las enseñanzas otorgadas. Seguramente con el mismo aprecio que Vashti haría, si es que ella fuera una persona real, con aquella docente que le dio confianza para crear. Sin embargo Mora no tuvo el apoyo de un docente; como gusta señalar, él se formó de manera autodidacta, no sin dificultades. Pero sí que él es para muchos de sus alumnos, como esa guía que tuvo Vashti en el mundo literario de Reynolds.

De esta manera la obra de Mora, las pinturas realizadas, tal vez sean el punto del iceberg de un mar de puntos de vida que se entrelazan y son visibles en otros textos, los orales, escritos, actuados, pero principalmente el de la memoria. Los tres momentos de la obra de Mora que se exhiben no son otra cosa que el recuerdo plasmado de cómo en un momento dado se interpretó la vida. Pero, como ya señalé, no sólo es memoria individual, sino de comunidad construida por quienes integran la propia comunidad creativa.

Se acerca el término de este texto y sólo resta decir que todos los recuerdos traídos durante la exposición fueron para retejer la identidad de la comunidad. Entonces la otra obra de Mora, es la constitución de una comunidad emocional en torno a la creatividad en la expresión visual. El punto final de la comunidad reunida, del ejercicio de memoria, fue cuando la sala de exposición de Ábside quedó sola con la obra de Mora.

Leer a fondo

El escritor, de ficción, ciencia, periodístico, etc., es un buen lector, pero no sólo de libros o de textos escritos, lo es fundamentalmente del mundo. Saber leer el mundo es actuar en él. El escritor lo hace al escribir. No hay escritor en la historia, ni lo habrá, que sólo lea textos escritos. Si es importante la lectura de libros, pero la vida no se reduce a ellos. Hay otros textos que merecen la atención, como son los de la vida real: políticos, económicos, culturales, mediáticos, etc.

La teoría cognitiva sobre la comprensión lectora dice que hay tres niveles. Uno es la identificación de ideas literalmente plasmadas; el siguiente es la capacidad de establecer relaciones entre las ideas detectadas; por último, construir un punto de vista sobre el conjunto de ideas detectadas, así como de su relación entre ellas. Este último nivel ya está más del lado de la escritura. Para la consecución de la comprensión se emplean diversas estrategias cognitivas que pueden reducirse a preguntarse continuamente qué es lo que dice el texto, sin que éste lo diga. Para ello es necesario establecer activamente relaciones entre los plasmado y lo que se sabe del tema, así como con lo que hay en el contexto. Estos niveles de comprensión, así como las estrategias, se pueden transpolar para comprender la forma en que leemos otros textos, tantos como presenta la realidad.

Los mejores escritores son aquellos que de manera escrita nos comparten lo que comprenden e interpretan del mundo, del aquí y ahora, del antes y del después. Saben mirar lo que no está a simple vista. El mundo se nos presenta en una realidad construida por el lenguaje. Esa realidad construida la vemos en los medios de comunicación, televisión, radio, internet, prensa escrita, así como en las versiones que las demás personas tienen del mundo. Como contenidos de los textos de la realidad, tenemos la política global y la de nuestro entorno, la del trabajo, la del hogar; la violencia de género; la desigualdad socioeconómica; la corrupción de los gobernantes; la avanzada de los discursos de odio y xenofóbicos; la rapacidad irracional de la criminalidad económica, etc. Esto es lo que literalmente hay en los textos de la realidad. Pero qué hay detrás de ellos, qué nos dicen sin que nos digan textualmente. El escritor da su interpretación, da su mirada, nos hacer ver lo que no vemos a simple vista.

En este sentido es bueno leer textos escritos. Pero no podemos depender sólo de ellos. También tenemos que aprender a decir lo que miramos, aunque no lo escribamos; hay otras formas de expresar y plasmar significados e interpretaciones. El texto escrito se ha vuelto un fetiche, un bien por sí mismo. Es mal visto que no se lea. Pero lo que nos hace ver mal en realidad, es la incapacidad de ver con nuestros propios ojos. Entre mayor capacidad comprensiva de la realidad, mayor participación en ella.

Recientemente se dio a conocer el informe del Programa Internacional para la Evaluación de estudiantes, PISA (por sus siglas en inglés). Los estudiantes de México no salieron aprobados en general, particularmente en comprensión lectora. Otros países como los asiáticos y europeos, salieron en muy buenos lugares. Los estudiantes de estos países son eficientes en la lectura de textos escritos, pero no necesariamente de los textos de la realidad. Un buen lector no significa una buena persona, tampoco lo contrario. Lo que sí, dadas la condiciones del deterioro del medio ambiente, la extinción de especies, la contaminación, etc., hace que sea visible que como humanidad no sabemos leer el mundo porque no actuamos para mejorarlo. De qué sirve saber leer si no sabemos escribir otra realidad. En comprensión del mundo, como humanidad, estamos en el nivel 1, el más elemental, sólo reconocemos lo que está allí, pero no damos un punto de vista, no actuamos.