Un plan para ser escritor

Escribir ficción literaria no es trazar letras o teclear. Componer en lo letrado toca lo imaginativo, emocional, creativo y divergente de la mente, pero también la lógica. Todas estas partes no se pueden separar, pero el pensamiento analítico lo ha hecho ver así, pero de ninguna manera es así la realidad. Uno puede sentarse a escribir y escribir, y quizá emerjan algunas ideas profundas y atractivas, pero sin orden. En el mejor de los casos sólo lo entenderá quien lo escribe. Necesariamente se necesita de habilidades metacognitivas para que el creador vaya auto monitoreando lo que hace, de tal manera, que haya una correspondencia entre lo que piensa y escribe. Así que escribir no es sentarse a escribir, no por lo menos de inicio.

Los aspirantes a escritores sólo conocen la parte del producto final de los creadores literarios que son de su agrado. En muchas ocasiones esas lecturas los inspiran y se dicen “yo quiero escribir de ese modo”. Se ponen manos a la obra y la gran mayoría de las ocasiones, producen escritos difíciles, realmente difíciles de entender, no porque sus ideas sean malas, sino porque no están planificados. Muchos de estos inexpertos e ilusionados creadores, que no avanzan, pronto se desaniman y tiran lápiz y papel o teclado y pantalla. ¿Cuántos serán? Ello depende de sus aspiraciones. Si el aspirante cree que el arte de componer ficciones letradas, se focaliza a la publicación o al aspecto lúdico. Por lo regular los escritores pasan largos periodos de su vida sin publicar, pero no sin escribir porque es un ejercicio que lubrica el alma.

Para saber escribir se necesita poseer teoría de la composición, necesariamente. Los más santurrones e inocentes o más bien ignorantes, dirán que el arte es libre y no se sujeta a teorías. En parte hay razón, pero no en la totalidad. No es posible seguir literalmente la teoría porque la creatividad muere, pero tampoco se puede dejar todo en manos de la creatividad sino es el arte el que muere. Los estudiosos de la composición escrita, con base en estudios meticulosos, basados en observaciones, entrevistas a profundidad, cuestionarios, etc., a escritores expertos y reconocidos, aseguran que es fundamental un proceso arduo y fino de planificación del escrito. O sea, para escribir no se inicia con escribir, sino que se considera un fin, un público, el dominio de conocimientos y el orden de la escritura.

Una vez que se sabe qué se quiere escribir y para quién, se reúne suficiente información sobre el tema a desarrollar. Eso requiere que el escritor haga revisión documental, entrevistas, en ocasiones, registros de observación. Pero también se requiere que interprete la información, lo que llevará a hacer varios organizadores gráficos. La odisea no termina aquí, después se tienen que hacer más organizadores gráficos que son el orden, estructura, el alma del escrito. Es la guía del escritor. Vargas Llosa dice que dedica mucho tiempo a hacer esquemas. Va a un café del lugar donde esté viviendo y por largas horas, se dedica a hacer estos organizadores y sólo después escribe.

Una buena planificación del texto literario a realizar, asegura un buen texto. Una mala planificación, lleva a la confusión y la frustración. Un escritor se puede permitir una vida desordenada, hasta cierto punto, pero no un trabajo literario caótico, sino que debe apuntar a uno decente y ordenado, profundo, que refleje su comprensión del mundo. Hay una gran diversidad de creadores literarios, cada uno ve al mundo de distinta manera. Por supuesto que cada uno planificará diferente para plasmar la comprensión de su mundo. Cada escritor debe encontrar su forma y estilos de planificar porque ese será su singularidad. El creador letrado, serio, debe encontrar una proporción entre el plan y la escritura. Ni seguir fielmente el plan porque siempre hay ajustes, pero tampoco despreciarlo. En fin los dilemas de la planificación sólo se viven. Planifique y escriba.

Del texto vienes, en texto te convertirás

Uno de los documentos donde los docentes plasmamos lo que somos es la planeación didáctica. Los significados en torno a este documento pueden ser varios, y van desde el desprecio y sin sentido hasta ser efectivamente una herramienta que guía la práctica docente. Para algunos es un requisito que se entrega a los directivos sólo para cumplir, pero que nunca se señala si está bien o no. Otras veces se entrega en función de lo que demandan los directivos y se acatan las indicaciones del “formato”, aparte se tiene la planeación que se usa en el día a día, sin que se tenga claro cuál es la versión atinada. Otros descargan de internet las planeaciones y hacen ajustes sobre la marcha, según su realidad. Lo que llama la atención de las concepciones y prácticas que se han esbozado en torno a la planeación es la constante incertidumbre del docente de saber si se está bien o no.

En este texto realizado por el docente (la planeación) se objetivan, en cierta medida, las perspectivas teóricas (y el dominio de éstas) a partir de las cuales se realiza la práctica docente. De acuerdo a las teorías implícitas, lo que se escribe en la planeación se acerca más a lo implícito, a la síntesis conceptual porque se enuncia lo que se supone que se va a hacer. En tanto que la práctica es lo explícito o la síntesis pragmática (Pozo, et al., 2006). Los estudios sobre los sentidos, significados y referencias del docente, guiados por la teoría antes mencionada, suelen ubicar congruencias o incongruencias entre lo que dicen y hacen los docentes. De este modo la planificación didáctica puede decir algo y en la práctica ser otra cosa, pero a través de la confrontación de estas incongruencias el docente puede avanzar en la aproximación comprensiva de sus creencias docentes.

Sin embargo si nos acercamos a lo que dice y hace el docente, desde la hermenéutica y las teorías de la composición, la comprensión se puede ampliar. La hermenéutica es el arte y ciencia de comprender e interpretar textos, pero los textos no se agotan en lo escrito. Texto en sentido etimológico es tejido, y del lado de la hermenéutica puede entenderse como tejido de sentidos, referencias y significados. Desde este punto de vista no sólo hay textos escritos, sino hablados, digitales, actuados, entre otros porque en todos ellos hay significados y sentidos con referencias al mundo objetivo. La práctica docente, es sin duda un texto actuado. Se actúa para ayudar a los alumnos a aprender; se actúa con base en la referencia de un plan y programa de estudio, de una normatividad escolar y desde una política educativa. Para cada docente trabajar con alumnos puede significar distintas cosas, desde una actividad que llena de vida hasta algo que se hace porque las circunstancias de la vida orillaron a ello.

Desde las teorías de la composición, por ejemplo de la composición escrita, todo texto tiene detrás diferentes subprocesos para su realización, como son: planificar, textualizar y revisar (Flower & Hayes, 1980). Estos subprocesos pueden ser apreciados detrás de cada texto, ya sea escrito, hablado, actuado, etc. Entonces la práctica docente como un texto actuado, supone un proceso de composición. En el lado de la escritura los escritores expertos, planean sus obras; en tanto que los inexpertos no concentran demasiados esfuerzos en ello. De manera análoga en la docencia, los docentes expertos o más competentes, seguramente dedican más tiempo a la preparación o planeación de clases que los menos capaces o inexpertos. Tal vez por eso los primeros tengan certeza sobre su planeación, y los segundos incertidumbre. También en el mundo de los escritores, los más competentes hacen varias revisiones y correcciones a su trabajo, en comparación de los inexpertos que prácticamente no revisan ni corrigen sus creaciones letradas. Otra vez de manera análoga, quizá los profesores más competentes, dedican más tiempo a revisar su práctica docente, el texto actuado, para hacer enmiendas y mejorar su desempeño, que los docentes menos competentes o inexpertos.

 

De esta manera una mala práctica docente, es decir un hacer docente que no hace que los alumnos logren aprendizajes esperados –desde la hermenéutica, un mal texto actuado–, muy probablemente tenga detrás una mala planeación, así como una deficiente reflexión, análisis e interpretación de la práctica. Volviendo con la hermenéutica, un texto actuado, la práctica docente, se comprende y se compone, y en ambos procesos hay interpretación. El docente puede reflexionar para comprender su texto actuado, con base en las huellas dejadas, como son la planeación didáctica, los productos de aprendizaje de los alumnos, el material didáctico que preparó, registros escritos o videograbaciones. En este ejercicio hermenéutico se valora si se hizo un buen texto actuado, si cumplió su propósito y objetivos, si llevó una adecuada estructuración, etc. Posteriormente, a partir de los resultados de la comprensión, se inicia un nuevo proceso de composición del texto actuado. En la composición también hay una interpretación, es decir, una valoración de los elementos que son necesarios mejorar para que haya la formación esperada en los alumnos.

Los docentes somos un texto, un tejido de significados, sentidos y referencias al mundo objetivo. Despreciar la planeación didáctica, es tanto como despreciarnos a nosotros mismos; ignorar si la planeación está “bien” hecha, o no saber si carece de algunos elementos y por qué, es tanto como no conocernos a nosotros mismos. Desde luego que en todo texto docente actuado, hay siempre algo de implícito y algo de explícito, algo de desconocido y parte conocida. Sin embargo debe prevalecer lo explícito, lo conocido. Mediante el ejercicio hermenéutico, tanto en la comprensión como en la composición del texto actuado, el docente se puede aproximar cada vez más a la conciencia de lo que hace, es decir, dejar lo implícito e ir más del lado de lo explícito y así pueda tomar decisiones para mejorar su texto actuado.

Referencias

Flower, L. & Hayes, J. (1980). The cognition of discovery: Defining a rhetorical problem. College composition and Comunication, 31, 21-32.

Pozo, J.; Scheuer, N.; Mateos, M.; y Pérez Echeverría, M. (2006) “Las teorías implícitas sobre el aprendizaje y la enseñanza”. En: Pozo, Scheuer, Pérez Echeverría, Mateos, Martin y de la Cruz (Eds.): Nuevas formas de pensar la enseñanza y el aprendizaje. Barcelona: Grao.

Un lugar para la cultura de la creatividad

El café, como bebida de consumo social, tiene poco más de medio milenio. Ha dado lugar a la construcción de un espacio social siempre ligado a lo marginal, la divergencia, la creatividad, un punto de inicio a nuevos modos de ver la realidad, me refiero particularmente a la cafetería. La historicidad de este lugar de encuentro para mirar y construir la realidad de otras maneras, indica que ha pasado por diversas valoraciones. Antes espacio despreciado, ahora estrechamente ligado con las culturas juveniles posmodernas.

En la actualidad existen numerosas cafeterías, en distintos países, economías y culturas. Todas ellas representan un proyecto que puede estar del lado más comercial o del lado de las culturas del arte y la creatividad. En esta última faceta es la que me interesa reflexionar, sobre todo en aquellos sitios que pueden ser “periferia” –habrá que decir que los centros y las periferias, también es un asunto de construcción social–, porque pueden representar intersticios donde los jóvenes tomen bocanadas para tener ánimos de renovar la realidad hacia aromas amables. Uno de estos lugares es “El Café”, así simple y directamente, ubicado en la calle de Hidalgo oriente 319, plaza sol, en Tulancingo, Hidalgo.

“El Café” inicia su vida con el nuevo milenio. Tiempo después se le agrega, como parte intrínseca, una galería de arte, hoy en día llamada “Ábside”. Justamente estos espacios están a la espalda de la catedral de Tulancingo. Es imposible no conectar el café, la bebida, con el arte de la creatividad o la cultura de la expresión bella. Está noción se refuerza en el propio discurso del lugar, frente a la cafetería la galería. El lugar si bien es cruce de culturas, prevalece la juvenil. Pero además es cruce y entrelace de distintos textos del arte o de la vida cotidiana, ya sean actuados, hablados, visuales o escritos.

La entrada al lugar también puede ser un recorrido a un cosmos social que cambia con cierta regularidad. Pero de cierto modo siempre está una dualidad –que es complementariedad, no oposición–, ¿será porque ella, la dualidad, está presente de manera natural en nuestro ser? Lo cierto es que un día hay una exposición que se llama “Buscando el amor” –muestra de la obra de Max Sanz–, y del otro lado los jóvenes se encuentran en el amor bebiendo café. Luego hay una conferencia-presentación de libro que se llama “Error y prueba” a cargo de Jacinto Zaragoza Monroy, y del otro lado los jóvenes en vivo, aprenden el arte de vivir con errores y pruebas. De tal manera que palabras, miradas, imágenes elaboran la singularidad del lugar.

Si bien se entrelazan las culturas de la creatividad y de la juventud, no por ello significa que hay un desprecio por las culturas adultas. Al contrario, están presentes como parte de la diversidad cultural en el arte de la creación. En última instancia, si bien los jóvenes construyen sus propios caminos, lo hacen bajo la inspiración de los ya señalados por los adultos. Por ejemplo está la exposición “75 años a cuestas”, con el trabajo pictórico de Antonio Torres, y del otro lado los jóvenes, a fuerza de sorbos al café, van meditando sobre su primer tramo en el andar en la vida, que siempre es hacia arriba, hacia la cúspide.

De tal manera que “El Café” y “Ábside”, representan un centro, un origen, un lugar dentro de la mítica social y del arte, donde todo empieza, donde alguien expuso por vez primera su trabajo, por ejemplo, allí están los jóvenes de LVA en la escena roquera. Con el tiempo, la memoria colectiva, ya nos dirá las percepciones que hay sobre el lugar, lo que si este sitio se distingue y dota de distinción. En este sentido puede ir creciendo su importancia como un recurso para ciertos actores sociales, para posicionarse en el campo de la cultura de la creatividad, según el lenguaje artístico que manejen.