Competir por todos, nos conviene a todos

Un salón de clases de educación básica está conformado por un conjunto de actores sociales, los alumnos, que asisten para lograr aprendizajes y desarrollar competencias (SEP, 2011). Pero también, de acuerdo con Bourdieu (1997), se acude a la escuela para competir por capital simbólico, particularmente el de tipo cultural, y así poder seguir compitiendo en otros campos sociales en lo inmediato o a futuro, por ejemplo, al ingresar a un nuevo nivel educativo o en la incorporación al campo laboral. A estos bines obtenidos o formados, también habría que agregar grandes volúmenes de humanidad. El actor social que fundamentalmente les ayuda a los alumnos a ganar capital cultural que sean mejores personas, es el docente, a través del despliegue de diferentes estrategias y dispositivos didácticos. En este orden de ideas, es posible mirar el salón de clases como un conjunto de individuos que compiten por capital cultural o como una comunidad que colabora para que todos sean competitivos y buenas personas consigo mismos y los demás.

De la primera manera puede haber una perspectiva en la que los alumno sostengan “Si aprendo yo, no importa que los demás no lo hagan”. Ello acerca a la indiferencia por la exclusión educativa. Es decir, los alumnos pueden mirar que ciertos compañeros no están aprendiendo, que no están desarrollando lo que se espera curricularmente de ellos y no hacer absolutamente nada, ¿por qué lo tendrían que hacer? La situación no es tan sencilla. No se trata simplemente de que a cierto alumno le está yendo mal en el salón, sino de que alguien, se está empobreciendo ante los ojos de los demás. Aun cuando el uniforme escolar haga “iguales” a los alumnos, su capacidad para acumular capital cultural, lograr aprendizajes esperados y ser mejores personas está perfilando su futuro así como el de todos y los hace diferentes. Sólo que estas diferencias se aproximan peligrosamente a la desigualdad social. Nuestra sociedad está acostumbrada a la pobreza. Todos los días vemos a los pobres y de alguna manera decimos “qué bueno que no somos nosotros”, en lugar de participar para su erradicación. La pobreza nos empobrece, aunque no seamos “pobres”.

Los alumnos de educación básica que no están logrando aprendizajes esperados y por lo tanto tampoco están desarrollando competencias específicas ni de vida, o sea, que no son competentes para ganar capital cultural, regularmente son maltratados explícita o implícitamente en el salón de clases. En la interacción con docentes de educación básica, en específico con los de escuela secundaria, he escuchado relatos de la vida diaria de las escuelas que son sumamente inquietantes. Recuerdo vivamente uno en el que un “docente” animaba a los alumnos a burlarse de uno de sus compañeros por su constantes “tonterías”. Desde luego que para el alumno violentado la escuela no es un lugar agradable ni seguro y tendría todos los elementos para odiarla y huir de ella. Esto, sin duda, representa lo más alejado de los ambientes favorables de aprendizaje o educativos y la sana y pacífica convivencia.

Una de las prioridades de la gestión escolar, es la sana y pacífica convivencia. En el documento de Perfil Parámetros e indicadores de desempeño (PPI), se plantea que los docentes y los directivos, deben hacer de la escuela una comunidad en la que se sabe identificar la violencia, detenerla y promover la sana y pacífica convivencia. Esta misma encomienda está para los alumnos, en el programa de estudios de Formación Cívica y Ética (FCyE). Al inicio de este escrito, refería que el docente es el actor social que fundamentalmente ayuda a los alumnos a ganar capital cultural y ser mejores personas. Para ello es necesario que la figura formativa, tenga esa riqueza. Desde la perspectiva de Beuchot, se trataría de un actor icónico o simbólico, un ejemplo a seguir, porque sus tomas de decisiones son éticas, unen a todos por el bien de todos. Sin embargo en el caso referido, los alumnos, con la anuencia del docente, cooperan para tratar de echar de la competencia a uno de sus compañeros, es decir, se regodean ejecutando la exclusión educativa. El mismo Beuchot, denomina a las personas que no son éticas, como ídolos, es decir portadores de lo falso. En este caso alumnos y profesores, no saben que no saben generar ambientes de aprendizaje, es decir, son ídolos. Además es un claro ejemplo de la cultura de la violencia escolar. El peligro de esto es que los alumnos piensan que es “normal” violentar, burlarse del que “no puede”, y seguramente este modo de actuar, posteriormente, lo llevarán a otros campos sociales.

Pero no sólo es la reproducción de la violencia, sino la promoción de la pobreza, es decir, hacer que el otro no produzca, que sea estéril. Adela Cortina entiende como aporofobia, el odio a los pobres. Por ello el pobre es maltratado, denigrado. Tal parece que se busca no ser tan pobre, si el otro es más pobre que yo, lo cual resulta paradójico porque el odio empobrece. Hay un vínculo maldito entre violencia y pobreza. Violencia y pobreza son dos rasgos de nuestra sociedad actual. También podemos agregar corrupción.  De acuerdo con las evaluaciones internas (nacionales) y externas (internacionales) a alumnos de educación básica, no consiguen el logro de la mayoría de los aprendizajes esperados, lo que significa la mala calidad del servicio educativo público, lo que igual significa pobreza de aprendizajes, pobreza académica, pobreza escolar. Si hay pobreza en la escuela, si no está cumpliendo con el papel que se le encomienda, ello quiere decir que se ha corrompido y necesita recomponerse.

El otro modo de mirar un salón de clases, como ya dijimos, es considerar a todos los que están en el aula como una comunidad de aprendizaje en la que todos colaboran para que todos logren lo establecido en los programas y plan de estudio de la educación básica, es decir, todos tratan de que todos sean competitivos. Aquí el modo de pensar de los alumnos podría ser “si tú eres competente para aprender, yo también lo soy”. Pero además hay un aroma a ética porque si alguien es efectivo para aprender eso es bueno para todos, en cambio si alguien no aprenden no es bueno para todos y hay que colaborar para que sea competitivo. Afortunadamente la historia que referí más arriba está en cambio de rumbo, y ojalá que sean muchas más. La docente que me relató el caso y que ahora atiende el grupo, no sólo está tratando de frenar la violencia hacia el alumno ya mencionado, sino de hacer que todos colaboren para este joven sea competitivo. Lo que hace que haya un real acercamiento ambiente de aprendizaje donde hay respeto, diálogo e inclusión educativa porque todos colaboran para que todos estén en igualdad en la apropiación de conocimientos y desarrollo de habilidades. Ya no se trata de individuos que son competitivos, sino de comunidades competitivas, ricas en capital cultural y que buscan beneficiarse unos a otros. Citando de nueva cuenta a Beuchot, los actores sociales, alumnos y docentes, se acercan a ser íconos de la educación, auténticos símbolos porque unen, aman, y no odian y separan.

En la obra de Dumas “Los tres mosqueteros”, hay un pronunciamiento que se acerca a lo que he planteado, “Todos para uno y uno para todos”. También es posible apreciarlo en la obra “El libro de la selva”, cuando se enuncia “… es el lobo la fuerza de la manada y la fuerza del lobo está en la manada”. Parafraseando se puede asegurar que la fortaleza de un alumno de educación básica está en el grupo y la del grupo en el alumno”. De acuerdo con Bourdieu hay actores sociales que por diversas circunstancias no saben competir o bien que no quieren competir, como los alumnos que no realizan las tareas de aprendizaje, no asisten con regularidad, etc. A estos alumnos se les tiene que ayudar a saber competir en la escuela, a saber jugar. Pero los alumnos no juegan solos, sino en colaboración con otros, necesariamente es así. Un delantero de un equipo de fútbol no mete goles por sí mismo, sino su capacidad goleadora está en relación a que otros colaboren con él para tener las mejores oportunidades de anotar gol. Si él mete goles, es bueno para todos, para el equipo. En cambio si él no tiene oportunidades para meter gol, eso es malo para el equipo. Un docente que ayuda a los alumnos a entender y hacer lo que he esbozado líneas arriba, sería un docente innovador porque para formar estaría usando recursos ya existentes, los alumnos y sus distintas maneras y condiciones de competir por capital cultural. Pero además sería un promotor de la riqueza de la comunidad de aprendices. Las comunidades enriquecidas humana y culturalmente nos convienen a todos. Un alumno formado desde esta mirada, será sensible a los problemas sociales, económicos, de salud, etc., de su contexto, ya no le serán indiferentes y participará para resolverlos porque esa es la sintaxis social que ha vivido en el salón de clases.

Bibliografía

Bourdieu, Pierre (1997) Capital Cultural, escuela y espacio social. México: Siglo XXI.

SEP (2011) Plan de estudios 2011. Educación Básica. México: SEP.

Recorrido guiado a la ciudadanía

El pasado 4 de agosto llevé a los alumnos en formación docente que atiendo, de la escuela normal en la que trabajo, a un recorrido, a cargo de Niebla y Tiempo A. C., en el sitio arqueológico de Huapalcalco, en Tulancingo. Posteriormente a una conferencia, también por parte de la asociación civil mencionada, sobre su trabajo para fomentar la preservación y difusión del patrimonio cultural. No es la primera vez que lo hago, otros alumnos de otras especialidades y semestres han vivido esta experiencia.

Del lado de mi quehacer educativo, el trabajo de Niebla y tiempo, siempre me ha parecido una gran herramienta didáctica para formar, por eso recurro constantemente a ella. Actualmente trato de hacer que los alumnos normalistas desarrollen competencias docentes para que sepan formar a los alumnos de educación secundaria en la asignatura de Formación Cívica y ética. Desde mi perspectiva uno de las esencias de este espacio de educación básica es hacer que los alumnos sepan identificar la violencia, detenerla y promover la sana y pacífica convivencia. Para ello los alumnos en formación docente deben ser capaces de hacer transposición didáctica, es decir llevar el saber especializado a saber escolar. Precisamente me parece que de Niebla y Tiempo, pueden abrevar la manera en la que en la vida real, unos ciudadanos se organizan para detener la violencia a un patrimonio cultural, el sitio arqueológico de Huapalcalco, a través de un mecanismo legal de participación y del prodigioso uso de la palabra.

Como todas las veces que he ido con los alumnos normalistas, el recorrido fue encabezado por Montserrat Barragán Andrade, la presidenta de Niebla y Tiempo. Aunque he apreciado varias veces la narrativa de su guía, siempre he tenido una lectura diferente. La entrada a Huapalcalco, me refiero a su mundo no visible, empezó alrededor de las 9:30 hrs., con la profunda y potente voz de Barragán. En principio nos mencionó que se trataba de un lugar que para mucha gente de diversas generaciones a través del tiempo y, hasta nuestros días, era un lugar sagrado y había que entrar en el él con respeto. Más adelante, en la huella de un arroyo, a unos cuantos metros del basamento piramidal principal, empezó a narrar un mito mesoamericano, la creación del quinto sol, para tratar de hacer que comprendiéramos la dualidad que está representada en Huapalcalco con los cerros de la Mesa y el Huistli, el primero femenino y el segundo masculino. Al reescuchar el mito, rescaté varias ideas con las cuales no pude evitar leer lo que sucedió en el día.

Barragán refirió como un dios, Tecuciztecatl, dudo hasta cuatro veces para lanzarse a la hoguera y así crear el nuevo sol, en tanto que otro dios, Nanahuatzin, sin pensarlo se aventó. Este último se hizo el sol, y el primero fue la luna, y de este modo fue posible que hubiera día y noche, movimiento y vida. Habrá que precisar que el mito refiere a un ritual para crear un cosmos, no es que vaya a haber más soles. Cada recorrido de Tecuciztecatl, es para señalar un punto cardinal, después la participación de Nanahuatzin es para erigir el centro del cosmos, el sol. ¿Cuál es el análogo de esta situación con la actual sociedad mexicana? Párrafos arriba había dicho que una de las esencias del enfoque didáctico de la asignatura de Formación Cívica y Ética, es que los alumnos de educación básica sepan identificar y detener la violencia, así como promover la sana y pacífica convivencia. Esta intención educativa, es parte de la política pública del estado mexicano, se busca formar un ciudadano para la realidad que se vive hoy en día. Hay suficientes elementos para sostener que hay exceso de violencias en el país, y, en muchos sentidos, una normalización de ellas.

No es casualidad que en el programa de estudio de Formación Cívica y Ética, haya más aprendizajes esperados para desarrollar las competencias de “autorregulación y ejercicio responsable de la libertad”, “manejo y resolución de conflictos” y “participación social y política”, que para alguna de las otras cinco competencias de la asignatura ya referida. La primera se vincula con el 70% de los aprendizajes considerados en el eje formativo de “persona”; la segunda con el 50% de los aprendizajes correspondientes al eje de “ética”; y la misma proporción para la tercera competencia, pero en el eje de “ciudadanía”. Todas estas competencias son las que directamente sirven para identificar y detener la violencia, así como para promover una sana y pacífica relación con los otros, que pueden ser personas, la biodiversidad y las culturas.

Las dualidades son complementarias día y noche, el sol y la luna, lo masculino y lo femenino. Toda dualidad complementaria es para que funcione algo, un todo. Cuando algo no está en movimiento, cuando sus partes no funcionan para lo que son convocadas en el todo, hay deterioro, descomposición que, del lado humano, se puede apreciar como violencia. En el lado político, también es posible leer las dualidades complementarias. Una de ellas es gobernantes y ciudadanos. Justo aquí quiero colocar el análogo con el mito mesoamericano que nos narró Barragán. Me parece que lo que el movimiento del sol y la luna, es a la cosmovisión indígena; es la democracia a la cosmovisión política moderna. Los astros, sol y luna, en la política son las instituciones del estado; y los dioses, equivalen los ciudadanos. Así como los dioses se complementan para que funcione el universo; gobernantes y ciudadanos se unen, a través del dialogo, para que la democracia se fortalezca y la sociedad en ciudad viva.

La democracia es visible en el orden de la ciudad. Cuando la democracia no se mueve, la ciudad se deteriora. Uno de los elementos centrales de la ciudad es el patrimonio cultural, el descuido de él, significa primero un descuido en la democracia porque no hubo diálogo entre ciudadanos y gobernantes por este asunto de interés público. Así puede haber ciudadanos que como Tecuciztecatl, dudan en participar, mientras que otros participan. Participar en el orden de la ciudad, corresponde a todos, a los ciudadanos organizados en mecanismos legales, así como a los que están como funcionarios públicos en alguna institución pública. El argamasa de esa unión es el diálogo para resolver problemas que son de interés público. Estos problemas son generalmente violencia, que es romper el orden. En el caso del sitio arqueológico de Huapalcalco, la violencia o desorden, han estado del lado del gobierno y de la sociedad en general, que es visible en la falta de investigación arqueológica e histórica del sitio, destrucción de basamentos piramidales, así como de pinturas rupestres. Es decir, al no haber orden, que se traduce como no cuidar el patrimonio cultural, hay deterioro. Reparar ese daño implica participar con conciencia histórica.

Regular la conducta para ser responsables con el patrimonio cultural, resolver conflictos con este patrimonio a través del diálogo con el gobierno, requiere informarse para participar ciudadanamente. Por ello, en primer término, los alumnos normalistas y yo, recibimos un recorrido por la historia del sitio arqueológico de Huapalcaclo. A través de la potente narrativa de Barragán nos lanzamos hasta hace más de diez mil años para luego volver, vertiginosamente, al presente de Huapalcalco y sus problemáticas. Fue un recorrido acompañado por los límites del tiempo, así como Tecuciztecatl recorrió cuatro veces el camino al fuego, es decir los límites del cosmos, que no son otra cosa que los puntos cardinales, los puntos que señalan los solsticios y los equinoccios. Una vez informados históricamente, con conciencia del pasado y cómo ello nos singulariza, Alejandro Aldana, a través de la conferencia “participación ciudadana por el patrimonio cultural”, nos dio conciencia política. El cierre de la jornada académica, alrededor de las 15:00 hrs., consistió en la firma de los alumnos normalistas a la petición al gobierno de la república para que el sitio arqueológico de Huapalcalco, se declare zona arqueológica, lo que asegurará su protección y estudio. De esta manera los alumnos normalistas vivieron la participación ciudadana a través de un mecanismo legal. Pero también hubo un paralelismo con el mito del origen del quinto sol, cuando al igual que Nanahuatzin y Tecuciztecatl, al participar por el sol y la luna, ellos se lanzaron a participar por el patrimonio cultural para que la ciudad se mueva, para fortalecer la democracia. Así la experiencia vivida por los alumnos normalistas, también representó una apropiación de saber especializado, para así tener un qué llevar al saber escolar con los alumnos de educación secundaria en la asignatura de Formación Cívica y Ética, y fomentar la sana convivencia con nuestro patrimonio cultural.

El punto

La vida es una sucesión de puntos. En el lenguaje escrito, el punto es fundamental para señalar al lector que se hace un cambio de idea, pero se sigue con el mismo tema, o bien, para marcar el final del texto. Así el punto es movimiento y pausa. Pero el punto primero existió en el lenguaje oral y, antes, en el desplazamiento de las poblaciones. El final del peregrinaje de los nómadas es un punto valorado como favorable para la generación de vida sedentaria.

El punto también es visible en el lenguaje visual. En el dibujo, una línea es una sucesión de puntos. El punto de fuga es vital para trazar las líneas que darán la sensación visual de que lo pintado es real, lógico, verdadero, pero no una reproducción fiel del mundo.

Hay una analogía más que quiero evocar, y es la del tejido social. Entre más puntos significativos existan y más hilos conectados con ellos, más fuerte es el tejido. Pero no tiene una autoría individual, sino que es producto de un trabajo colaborativo en comunidad. Un tejido sano implica una historicidad que desemboca en un presente complejo, es decir, de unión de colectividades. En este sentido una serie de puntos, son el alma de la identidad y la memoria. En este orden de ideas, el 29 de julio pasado, en Tulancingo, Hidalgo, hubo un punto de confluencia: la galería de arte Ábside. El motivo fue la inauguración de la exposición de obra pictórica del creador Jesús Moral Luna. La hora designada para hacer la formalidad, fue las siete de la noche.

Previo al evento, conocidos, amigos, familiares, alumnos del maestro Mora, así como gestores culturales, periodistas, amantes del arte, nos movimos de nuestro punto de residencia para arribar a la cita y tejer una realidad muy particular. En las mesas de la planta baja de “la cafetería” que está a un lado de la galería, había gente sentada conversando y aguardando la inauguración. Los recién llegados saludamos y conversamos con ánimo a los conocidos. Por mi parte encontré a una amiga que tenía cierto tiempo de no ver, pero que conozco desde el año 2000. Nos conocimos laborando en una institución educativa. Me dijo que ella y su madre, eran alumnas del maestro Mora. De la madre de mi amiga recuerdo que pintaba, pero no me imaginaba que su formador era el maestro Mora, de hecho no pensaba que lo iba a conocer, ni que mi amiga iba también a asistir a clases con el maestro. Por cierto la madre de mi amiga, es alumna de Mora desde el 2000. Sin embargo nuestro punto en común es el amor a la cultura de la creatividad y el arte. Tal vez por eso coincidimos, y no por casualidad.

En el dialogo que sostuve con Mora en su estudio, el pasado 17 de julio, me refirió algunas experiencias formativas con sus alumnos y su estrategia didáctica para formar alumnos, que es llevarlos a contemplar paisajes. Mi amiga también me comentó sobre esta actividad. Ella me presentó a otros alumnos de Mora que estaban allí. En fin, entendí que estaba ante una comunidad de creadores, de personas que aprecian y hacen la cultura de la creatividad y el arte de la expresión visual; y que la coincidencia no era sólo entre mi amiga y yo.

Luego vino el ritual propiamente de la inauguración, que se representó con el corte de un listón, señal para dar cabida a los mensajes de agradecimiento. El primero en intervenir fue Elías Saad Gánem. Su presencia y el texto oral que emitió, arroparon de significados a la galería Ábside y a Tulancingo, como un lugar un punto de referencia para tejer historia, memoria e identidad en la cultura de la creatividad y el arte. Fue el inicio de la puntada, y luego vino la participación de los demás actores sociales.

En su intervención Mora, hizo referencia a un episodio de vida con su hijo con relación a unas manchas en una taza. El hijo, según el artista, cerró el diálogo diciendo “… ese es el punto papá”. Luego citó a un niño que tuvo por alumno, cuando dio clases de pintura en Ciudad Sahagún, que para representar el oficio de su padre, hizo un enorme punto negro. También evocó a Georges Pierre Seurat, creador del puntillismo, y explicó su técnica. Remató la intervención hablando de los puntos que aborda la exposición de su obra. Uno con referencia al paisaje, otro la situación de descomposición social, y el último sobre obras generadas con referencia a la música clásica europea.

De mi parte traje a mi mente “El punto”; un trabajo literario de Peter H. Reynolds, que relata la historia de una niña que es ayudada por su maestra, a valorar su expresión artística a partir de un punto. Vashti, tiene desesperanza aprendida, está convencida de que haga lo que haga, jamás será buena para la pintura. Pero su maestra insiste y ella con desgano hace un punto en una hoja. La docente enmarca el punto y lo cuelga. Vashti, no da crédito a lo sucedido, entonces inicia su carrera de compositor porque ha descubierto que puede confiar en ella misma. Para finalizar la historia, Vashti, sigue el ejemplo de su profesora y, con un niño, que no se tiene aprecio para crear, le anima a trazar algo en una hoja, luego le pide que lo firme. Entonces el lector entiende que inicia otra historia, que se trata de tener inteligencia motivacional para lograr metas.

En cierto modo el ritual de la inauguración de la exposición de la obra de Mora, fue un ejercicio de la memoria para no olvidar, repasar y crear nuevos puntos que nos unen a una comunidad. En este sentido se trató de mantener con vida la memoria de una comunidad. Lo que se recuerda es lo que da identidad, singularidad. Los textos orales dichos en el ritual de inauguración hicieron referencia a ciertos momentos significativos. Alguna de las personas que estaba en el público, tomó la palabra y mencionó que muchos de sus exalumnos que radican fuera de México, recuerdan con cariño al maestro Mora por las enseñanzas otorgadas. Seguramente con el mismo aprecio que Vashti haría, si es que ella fuera una persona real, con aquella docente que le dio confianza para crear. Sin embargo Mora no tuvo el apoyo de un docente; como gusta señalar, él se formó de manera autodidacta, no sin dificultades. Pero sí que él es para muchos de sus alumnos, como esa guía que tuvo Vashti en el mundo literario de Reynolds.

De esta manera la obra de Mora, las pinturas realizadas, tal vez sean el punto del iceberg de un mar de puntos de vida que se entrelazan y son visibles en otros textos, los orales, escritos, actuados, pero principalmente el de la memoria. Los tres momentos de la obra de Mora que se exhiben no son otra cosa que el recuerdo plasmado de cómo en un momento dado se interpretó la vida. Pero, como ya señalé, no sólo es memoria individual, sino de comunidad construida por quienes integran la propia comunidad creativa.

Se acerca el término de este texto y sólo resta decir que todos los recuerdos traídos durante la exposición fueron para retejer la identidad de la comunidad. Entonces la otra obra de Mora, es la constitución de una comunidad emocional en torno a la creatividad en la expresión visual. El punto final de la comunidad reunida, del ejercicio de memoria, fue cuando la sala de exposición de Ábside quedó sola con la obra de Mora.