Un lugar para la cultura de la creatividad

El café, como bebida de consumo social, tiene poco más de medio milenio. Ha dado lugar a la construcción de un espacio social siempre ligado a lo marginal, la divergencia, la creatividad, un punto de inicio a nuevos modos de ver la realidad, me refiero particularmente a la cafetería. La historicidad de este lugar de encuentro para mirar y construir la realidad de otras maneras, indica que ha pasado por diversas valoraciones. Antes espacio despreciado, ahora estrechamente ligado con las culturas juveniles posmodernas.

En la actualidad existen numerosas cafeterías, en distintos países, economías y culturas. Todas ellas representan un proyecto que puede estar del lado más comercial o del lado de las culturas del arte y la creatividad. En esta última faceta es la que me interesa reflexionar, sobre todo en aquellos sitios que pueden ser “periferia” –habrá que decir que los centros y las periferias, también es un asunto de construcción social–, porque pueden representar intersticios donde los jóvenes tomen bocanadas para tener ánimos de renovar la realidad hacia aromas amables. Uno de estos lugares es “El Café”, así simple y directamente, ubicado en la calle de Hidalgo oriente 319, plaza sol, en Tulancingo, Hidalgo.

“El Café” inicia su vida con el nuevo milenio. Tiempo después se le agrega, como parte intrínseca, una galería de arte, hoy en día llamada “Ábside”. Justamente estos espacios están a la espalda de la catedral de Tulancingo. Es imposible no conectar el café, la bebida, con el arte de la creatividad o la cultura de la expresión bella. Está noción se refuerza en el propio discurso del lugar, frente a la cafetería la galería. El lugar si bien es cruce de culturas, prevalece la juvenil. Pero además es cruce y entrelace de distintos textos del arte o de la vida cotidiana, ya sean actuados, hablados, visuales o escritos.

La entrada al lugar también puede ser un recorrido a un cosmos social que cambia con cierta regularidad. Pero de cierto modo siempre está una dualidad –que es complementariedad, no oposición–, ¿será porque ella, la dualidad, está presente de manera natural en nuestro ser? Lo cierto es que un día hay una exposición que se llama “Buscando el amor” –muestra de la obra de Max Sanz–, y del otro lado los jóvenes se encuentran en el amor bebiendo café. Luego hay una conferencia-presentación de libro que se llama “Error y prueba” a cargo de Jacinto Zaragoza Monroy, y del otro lado los jóvenes en vivo, aprenden el arte de vivir con errores y pruebas. De tal manera que palabras, miradas, imágenes elaboran la singularidad del lugar.

Si bien se entrelazan las culturas de la creatividad y de la juventud, no por ello significa que hay un desprecio por las culturas adultas. Al contrario, están presentes como parte de la diversidad cultural en el arte de la creación. En última instancia, si bien los jóvenes construyen sus propios caminos, lo hacen bajo la inspiración de los ya señalados por los adultos. Por ejemplo está la exposición “75 años a cuestas”, con el trabajo pictórico de Antonio Torres, y del otro lado los jóvenes, a fuerza de sorbos al café, van meditando sobre su primer tramo en el andar en la vida, que siempre es hacia arriba, hacia la cúspide.

De tal manera que “El Café” y “Ábside”, representan un centro, un origen, un lugar dentro de la mítica social y del arte, donde todo empieza, donde alguien expuso por vez primera su trabajo, por ejemplo, allí están los jóvenes de LVA en la escena roquera. Con el tiempo, la memoria colectiva, ya nos dirá las percepciones que hay sobre el lugar, lo que si este sitio se distingue y dota de distinción. En este sentido puede ir creciendo su importancia como un recurso para ciertos actores sociales, para posicionarse en el campo de la cultura de la creatividad, según el lenguaje artístico que manejen.

El uso social del patrimonio cultural

El día pasado 12 de julio, estuve con mis alumnos de formación inicial docente en el sitio arqueológico de Huapalcalco, en la ciudad de Tulancingo. ¿Por qué acudimos? Los alumnos se preparan para saber enseñar historia en educación básica, particularmente en la escuela secundaria. Uno de los puntos importantes que discutimos en el salón de clases, con relación al enfoque didáctico de la asignatura de historia, es el uso social del conocimiento histórico. Hemos dialogado que saber de historia local, nacional o mundial, no es suficiente, ¿para qué sirve la historia? Una de nuestras referencias ha sido el trabajo de Carlos Barros y la memoria debate. El precitado historiador dice que el sentido de la historia no sólo es no repetir el pasado, sino corregir, en alguna medida los errores del pasado.

Por el lado del programa de estudios de historia en educación básica, el logro de los aprendizajes esperados, hace que se desarrollen competencias de historia, una de ellas es la de conciencia histórica para la convivencia. Es decir el conocimiento que se busca que los alumnos se apropien, debe de servir para que sepan convivir sanamente con su presente, con los otros y su entorno natural y cultural. Precisamente a esto fuimos a Huapalcalco, para que de primera mano los alumnos miraran cómo el conocimiento histórico del patrimonio cultural local, se usa para saber convivir con el entorno. En este sitio arqueológico en trabajo de la asociación civil Niebla y Tiempo es único, gracias a su trabajo es la vez primera que la sociedad civil organizada promueve que haya una declaratoria de zona arqueológica. Ello implica que hayan promovido la participación ciudadana con conciencia histórica.

La primera actividad que hicimos fue el recorrido al sitio arqueológico. La narración oral de Montserrat Barragán Andrade, presidenta de Niebla y Tiempo, nos acercó a la historia del lugar. Pero también nos hizo visible la violencia que existe hacia el sitio arqueológico. Hay varias pinturas rupestres que han sido borradas. Se presume que las personas tratan de “llevarse” la pintura, pero es imposible hacerlo. También hay pintura con aerosol. Pero el maltrato no es de hoy, viene desde la colonia. Hay numerosas evidencias de que diferentes materiales del lugar, ya sea de los abrigos rocosos o de los templos prehispánicos, han sido extraídos para hacer edificaciones. Por último Alejandro Aldana Barragán, nos dio una suficiente conferencia sobre lo que significa participar ciudadanamente para el cuidado del patrimonio cultural local. En el dialogo que construimos, una de las ideas que más hondo nos caló, es el saber convivir sanamente con el patrimonio cultural, no violentarlo, y que ello en parte correspondía a la formación que hicieran los docentes de historia en educación básica. Así no repetir el pasado, es ya no maltratar más Huapalcalco. De alguna manera, reparar los daños a Huapalcalco, consisten en hacer que sea una zona arqueológico para que se haga investigación arqueológica e histórica y se difunda su valor para la identidad nacional y local.

Hay caminos que pintan bien

“… no hay camino se hace camino al andar…”, dice Machado. La interpretación de Vicentico es que los caminos de la vida no son lo que se creía. Ambos puntos de vista son el extremo. Por un lado está la negación de los caminos tradicionales y, por lo tanto, hay que construirlos. Del otro lado, se confía demasiado en los caminos ya establecidos, y ello no siempre responde a las necesidades particulares de ciertas personas, de tal manera que hay desilusión. Los caminos de la vida, trayectos de vida, en parte planificados, en parte, modificados según las circunstancias, pero siempre con algún margen de riesgo o certidumbre, configuran la visión de vida, así como su recorrido en ella.

Todo camino no deja de tener peligros. En ciertos momentos son obstruidos, sufren derrumbes o hundimientos. Ante estas situaciones el que los recorre o construye tiene que tomar decisiones, siempre mediadas por el lenguaje, para recomponer y seguir adelante. Jesús Mora Luna, como andante-constructor de caminos, habita en ellos desde ese otro lenguaje que se apropió, o por el que fue apropiado, desde niño, la pintura. Su forma de comprender e interactuar en los caminos son los colores, las formas, los trazos, las perspectivas y dimensiones. Pero Mora es un compositor que explora y va desde lo tradicional a la innovación en el arte.

Mora, a lo largo de su vida, ha tenido como principal expresión el tradicional paisaje. Según su punto de vista es la base formativa del arte pictórico, porque con él se aprende a tomar de la realidad los colores, no de manera unívoca, sino bajo la propia singularidad del artista. Cuenta que una tarde que elaboraba un paisaje en algún lugar del estado de Hidalgo, un grupo de lugareños se acercó a él con enorme curiosidad. Al ver cómo  valoraba el paisaje natural local, a través del lenguaje pictórico, sus “visitantes” dijeron, literalmente: “si nuestro pueblo no es feo”. De tal manera que no es igual la realidad, que su recreación en el lenguaje pictórico.

A Mora, en su trayectoria de vida, le han sucedido varias cosas, que han hecho brillar esa otra peculiaridad que tiene, la resiliencia, la capacidad de sobreponerse a variados encontronazos en los caminos de la vida. Algunas de estas vivencias nos las compartió el pasado 17 de julio, día en que lo visitamos en su estudio. Sin duda, la más trascendental fue la de 1999. En ese año, ya radicado en Tulancingo, una inundación hace que se pierda para siempre una parte significativa de su vida, de su obra. En ese trágico día, el agua, el lodo, penetran en su estudio, echando a perder obras terminadas, apuntes de dibujos, notas periodísticas sobre su quehacer, en fin parte de su vida misma. Según el artista hidalguense, para sobreponerse a la pérdida, resignificó el evento y lejos de pensar en que se le quitó algo, más bien consideró que Dios le dio algo. Este otorgamiento fue la capacidad de crear, sin referencia directa a la realidad. En palabras de Mora, la creación le venía a raudales, y fue pasar del texto escrito, la nota periodística, al texto en colores y formas; luego probó pasar del texto sonoro, la música clásica, al lenguaje que él domina más, algo inusitado en él.

De esta manera el evento de 1999, según el artista hidalguense, le hizo construir otros caminos para expresar, fue un parte aguas en su vida porque le ayudó a redescubrirse con otras posibilidades creativas. Aunque no era algo que esperaba, hizo camino al andar, pero sigue los tradicionales; experimenta en la expresión pictórica, pero práctica el paisaje. Una muestra de su copioso deambular en el camino del arte podrá ser apreciado este próximo 29 de julio en la galería de arte Ábside, ubicada en la calle de Hidalgo oriente 319, plaza sol, frente a “El Café”, en Tulancingo, Hidalgo.